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La reprogramación puede ralentizar el crédito en el mercado, alertan analistas

Las entidades financieras ya enfrentan la mayor competencia del Gobierno por el financiamiento interno y una desaceleración de los depósitos en los últimos años.

La reprogramación de créditos se ha convertido en una de las principales herramientas para apoyar a prestatarios que han sufrido pérdidas por catástrofes, por eventos climáticos adversos o por la paralización de actividades. El Gobierno asegura que las entidades financieras tienen la fortaleza para afrontar esta medida, aunque analistas advierten que ésta podría ralentizar el crédito.

La reprogramación “se ajusta” a las necesidades de cada prestatario y se aplica “en función de una evaluación objetiva y adecuada”, informó el 29 de noviembre el director ejecutivo de la Autoridad de Supervisión del Sistema Financiero (ASFI), Reynaldo Yujra.

La disposición beneficia a prestatarios cuya capacidad de pago se ha deteriorado, dándoles condiciones para recuperarse, afirmó Armando Álvarez, ex gerente de la Bolsa Boliviana de Valores.

La reprogramación de créditos tomó un gran impulso a fines de 2020, al inicio del gobierno de Luis Arce y cuando concluyó el plazo para el diferimiento obligatorio de cuotas de los préstamos dictaminado al comenzar la pandemia.

Desde esa fecha, la administración central autorizó el uso de esta herramienta para quienes no pudieron recuperar aún su capacidad de pago producto de la crisis económica desatada por el covid-19, para quienes perdieron su mercadería en el incendio del mercado Mutualista y para quienes se vieron afectados por las sequías, entre otros.

La última fue instruida el 11 de noviembre pasado, a raíz de las afectaciones causadas por el paro cruceño de 36 días.“Nosotros tenemos que dar una solución a los que han sido afectados, pero siendo responsables con los ahorristas”, dijo también el 29 de noviembre la viceministra de Pensiones y Servicios Financieros, Ivette Espinoza.

Según Yujra, el diferimiento obligatorio para el pago de capital e intereses de créditos autorizado en 2020 tuvo efectos “muy adversos” en el sistema financiero, ya que al ser una medida “tan general” se “minó la capacidad y la cultura de pago” de los prestatarios.

“Ahora, la reprogramación está muy focalizada en las personas afectadas y se ajusta a sus condiciones particulares”, afirmó el director de la ASFI, quien aseguró que “todos los gremios de las instituciones financieras han expresado su predisposición para poder apoyar a esta medida”.

El Informe de Política Monetaria del Banco Central de Bolivia (BCB) da cuenta de que la cartera diferida alcanzó su pico en noviembre de 2020, con $us 4.090 millones, tras lo cual descendió a junio de este año a $us 2.388 millones. La cartera reprogramada, por su lado, se disparó desde noviembre de 2020, cuando registró unos $us 1.290 millones, hasta llegar a $us 6.160 millones a junio de la presente gestión.

Solo en la banca, los préstamos reprogramados a octubre de 2022 alcanzaron los $us 5.070 millones, lo que representa un 19% del total de esa cartera, informó la Asociación de Bancos Privados de Bolivia (Asoban), que considera que con la medida se busca que no se deteriore la calidad de la cartera.

La disposición “está orientada a apoyar a los prestatarios, sin generar riesgo para el sector financiero, que es un pilar fundamental de la economía y aporta al crecimiento de los diferentes sectores del país”, señaló en una nota de prensa el secretario Ejecutivo de Asoban, Nelson Villalobos.

“Gran parte de los afectados está en el sector de la micro, pequeña y mediana empresa”, así que “estamos trabajando desde que ha salido esta disposición con bastante demanda de los clientes, especialmente en Santa Cruz”, informó el secretario ejecutivo de la Asociación de Entidades Financieras Especializadas en Microfinanzas (Asofin), Marcelo Díez de Medina.

“No tenemos tantas solicitudes relacionadas con problemas de medioambiente, como la sequía”, las peticiones “se han concentrado un poco en Santa Cruz”, afirmó el ejecutivo, representante de la institución conformada por los bancos Solidario, de la Comunidad, Prodem, Ecofuturo y Fortaleza, además de la Entidad Financiera de Vivienda La Primera.

Ven competencia del TGN

Analistas consideran, no obstante, que la medida puede tener un impacto en la capacidad de préstamo de las entidades.

“El negocio de un banco es captar recursos del público y prestarlos. En la medida que va cobrando” las cuotas de los créditos “vuelve a prestar” ese dinero. “Cuando hay una reprogramación, esa recuperación del préstamo toma más tiempo y eso reduce la posibilidad de poder prestar esos recursos a otros clientes”, explicó Álvarez.

Este efecto se amplía, agregó, si se toma en cuenta que los depósitos de la población no han estado creciendo significativamente en los últimos años y que las entidades financieras enfrentan una agresiva competencia del Gobierno por el financiamiento interno.

Informes del Banco Central de Bolivia (BCB) detallan que las colocaciones brutas del Tesoro General de la Nación (TGN) con fines de política fiscal; es decir, la captación en el mercado interno de recursos para el presupuesto estatal a través de valores, aumentó en 150% en la pasada gestión, de Bs 5.319 millones en 2020 a Bs 13.321 millones en 2021.

“Si los bancos estuvieran captando (financiamiento interno) como captaban en años anteriores, cuando no había competencia del TGN, podrían seguir prestando, más allá de que tengan la reprogramación de cartera. Sin embargo, como están captando menos y encima la reprogramación de cartera demora la recuperación, eso reduce la capacidad para prestar a nuevos clientes”, manifestó Álvarez.

“En general, la liquidez en el sistema financiero no es un problema, lo mismo sucede con las entidades de Asofin. La liquidez disponible para prestar la tenemos, no es un problema significativo”, sostuvo Díez de Medina.
“No hay una afectación sustancial. Si ven las estadísticas, los depósitos del público siguen subiendo, no se están reduciendo (…) y las reprogramaciones no significan montos sustanciales sobre la afectación para la liquidez”, acotó.

Datos de la ASFI dan cuenta que los depósitos en el sistema financiero crecieron a un promedio anual del 17,7% entre 2006 y 2015, mientras que en el periodo 2016-2022 esa expansión es del 6%.

“El TGN viene agresivamente financiándose del sector privado; es decir de los bancos y de las AFP, y el que sale perdiendo es el empresario privado que tiene menos acceso a financiamiento. Lo que sucede es que automáticamente hay menos recursos para prestar”, sostuvo el analista Jaime Dunn.

El resultado es que al momento las entidades financieras son más “prudentes” al momento de colocar nuevos créditos, priorizando a los clientes que presentan una mejor capacidad de pago y un menor riesgo, dependiendo del sector donde realiza sus operaciones, consideró Álvarez.

“Prefieren prestar a los mejores perfiles de riesgo”, coincidió Dunn.

“El sistema financiero cuenta con la solvencia necesaria como para poder afrontar esta reprogramación, tiene la liquidez y el CAP (Coeficiente de Adecuación Patrimonial) suficiente”, aseguró Espinoza el 19 de noviembre.
¿Cuánto más de cartera reprogramada pueden aguantar las entidades financieras? Depende de la fortaleza del sistema y del comportamiento de la economía.

“Si la economía va recuperándose hay una buena probabilidad de que se vaya recuperando la cartera reprogramada, pero si la economía se deteriora; la recuperación de esa cartera es más dudosa”, consideró Álvarez.

En caso de que haya prestatarios que no recuperen su capacidad de pago, esos créditos se previsionan, lo que a su vez tiene un efecto sobre el alza de la mora y sobre el estado de resultados de las entidades financieras, indicó.
De acuerdo con Yujra, el índice de mora a octubre está en 2,2%, por encima del 1,6% de octubre de 2021, pero“muy por debajo” del 3% que se tiene actualmente a escala internacional.

“Ese tema no es menor, porque la cartera reprogramada no es poca plata”, aseveró el ex gerente general de la Bolsa de Valores.

Las reprogramaciones son parte del día a día de Asofin, aseveró Díez de Medina, que reconoció que hay “una acumulación de deudas que no han podido ser pagadas por este periodo de paro, pero que no es para nada comparable” con lo sucedido en la época en la que la población estuvo encerrada prácticamente un año.

“Hay una actividad mayor en reprogramaciones este año, evidentemente, eso tenemos que atenderlo más o menos hasta fin de año”, sostuvo.

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